Un país cansado de los discursos y de la religión convertida en campaña
A días de cerrar la legislatura, mientras hace campaña hablando de ética, Lorena Ríos deja al país la prueba de lo contrario. Archivó la bandera que la hizo senadora y promovió una ley que entrega la autoridad de los padres al Estado. No fue descuido: fue decisión. Fue cálculo electoral. Fue incoherencia disfrazada de fe. Y hoy, cuando el proceso legislativo termina, su mentira también termina. No siempre que un cristiano vota por un cristiano vota por el Reino. El país no olvida. Y Dios menos.
EL PRINCIPITO Y EL PAÍS QUE DEJÓ MORIR A SUS NIÑOS
Un niño Wayúu le contó al Principito que en Colombia uno de cada diez niños se achica antes de crecer, mientras en La Guajira más de 37.000 caminan con hambre y 55 murieron sin que el Estado lo notara. El Principito miró al palacio del Rey y entendió que un país que abandona a sus hijos deja de ser nación para convertirse en desierto. Este editorial es su llamado a una Nación que olvidó lo esencial.
“Cuando llegue el 2030: El Principito en el Congreso que se Olvido de la Gente”
“Si no votamos con conciencia, de aquí al 2030 podríamos quedar atrapados en un país dirigido por promesas que nunca se cumplieron y programas que se esfumaron apenas terminó la campaña. Un país gobernado por ilusiones, mientras lo esencial se deshace. Por eso no podemos seguir dándole espacio a quienes prometen mundos y entregan migajas: es hora de asumir nuestra responsabilidad como ciudadanos, exigir hechos y construir con criterio el futuro que nos tocará vivir.”
El silencio que habla: cuando callar es una forma de gobernar
“Cuando callar es una forma de gobernar — En un edificio donde los adultos dicen proteger a los niños, el Principito descubre que el silencio de ciertos gobernantes no es prudencia sino estrategia: una forma de ocultar lo que no se atreven a decir.”
EL PRINCIPITO Y LA NACIÓN DEL CAMBIO: ENTRE LAS ESTRELLAS PERDIDAS DE LA ÉTICA
Vivimos en una sociedad líquida donde los valores se diluyen entre discursos que prometen progreso pero siembran confusión. La vida, la niñez, la familia, la maternidad y hasta la muerte se han vuelto temas de debate, manipulados por intereses políticos y agendas internacionales que dicen hablar de derechos, pero que han olvidado el alma del ser humano. Nuestros representantes —los que juraron proteger a los niños, a la familia y la dignidad de la mujer— ya no legislan con conciencia, sino con cálculo.