EDITORIAL DEL ASTEROIDE: Colombia es un Estado laico para dummies
Este espacio está dedicado de manera especial a aquellos activistas y sectores que, amparados en el desconocimiento de nuestra arquitectura constitucional, acudieron a la acción de tutela para censurar la presencia de líderes religiosos en un acto de Estado. A ellos, que confunden la laicidad con el ateísmo militante y pretenden borrar la fe de la esfera pública, les dedicamos estas líneas a modo de pedagogía constitucional básica.
Hoy empecé el día como suelo hacerlo comúnmente: dándole gracias a Dios y revisando la coyuntura nacional. En ese ejercicio, me encontré con la constancia del representante David Cote, quien denunciaba que los líderes evangélicos, católicos y rabinos que intervinieron en la posesión presidencial hoy enfrentan una acción de tutela. Mi primera pregunta fue inevitable: ¿acaso este no es un Estado laico?
De inmediato recordé la afirmación de otra senadora quien, durante la misma posesión, exclamó que el Estado laico estaba amenazado. Paradójico resulta que llegara al Senado avalada por un partido de filiación cristiana; pero así es la política en Colombia: en campaña se adopta una postura, y una vez conquistada la curul, salen a relucir los verdaderos principios morales.
Más allá de la anécdota política, surge un interrogante de fondo: ¿qué hicieron estos representantes religiosos para terminar demandados mediante una tutela? La respuesta no es compleja; tanto así, que ya he abordado este tema en dos ocasiones anteriores. Sin embargo, esta vez lo redactaré con absoluta claridad para los dummies que promovieron dicha acción judicial.
La Real Academia Española define laico como aquello que es “independiente de cualquier organización o confesión religiosa”. No obstante, los laicistas extremos y los ateos han pretendido imponernos una definición errónea y abrupta: la de un Estado sin Dios, un Estado ateo. Pareciera que buscan aplicar la conocida premisa de Dostoievski: “Si Dios no existe, todo estaría permitido”; en otras palabras, la pretensión de un Estado anárquico, sin Dios ni ley.
Se les olvida que en la Constitución Política de Colombia el marco de la laicidad está claramente delimitado y que la sociedad colombiana, según mediciones de firmas como el Pew Research Center, se identifica con Dios en un 97%. Por lo tanto, a todas aquellas organizaciones que pretenden imponer una sociedad atea o de un laicismo extremo, cabe decirles que se equivocaron de Estado y de sociedad.
Si afirman ser tan protectores de los derechos humanos en materia religiosa, comiencen por respetar nuestras creencias. Podría dedicar la vida entera a presentarles argumentos, pero les dejo un solo dato para la reflexión: miren el calendario de días festivos en Colombia y allí encontrarán la respuesta.
Dios bendiga a Colombia.