EL EDITORIAL DEL ASTEROIDE : La Ceguera de los Hipócritas: Una Lección para Quienes Vaciaron la Fe de un País
"Las personas grandes nunca comprenden nada por sí solas, y es muy aburrido tener que darles una y otra vez explicaciones". Especialmente cuando se trata de entender que el alma de un país no se puede vaciar de su fe.
Desde este pequeño rincón del universo, donde los atardeceres invitan a la reflexión, queremos extender nuestro mayor amor, comprensión y dolor. Se siente profundamente la tristeza de todos los compatriotas colombianos que hoy atraviesan uno de los momentos más desgarradores de la vida. Sabemos bien que lo esencial suele ser invisible a los ojos, pero la desolación de hoy es tangible, palpable y nos atraviesa el corazón a todos.
Sin embargo, el propósito de este espacio editorial es dirigir unas palabras ineludibles a los incoherentes, los farsantes y los hipócritas. A esos "hombres grandes", llenos de vanidad y vacíos de propósito, que desde el 7 de agosto, durante la posesión presidencial, malgastaron su tiempo alegando y blasfemando simplemente porque se puso el destino de un país en manos de Dios y de la Virgen.
Hoy, la realidad les devuelve el eco de sus propias voces. Aquí tienen su respuesta.
El nombre de Dios no es un juego, ni una herramienta discursiva para sus debates vacíos. Señores títeres de la arrogancia: esperamos que, ante la magnitud de los hechos, logren entender y sientan, por fin, temor a Dios. Se escudan detrás del argumento de que Colombia es un Estado laico, ignorando una premisa sociopolítica fundamental: un Estado laico no es un Estado ateo.
Las palabras tienen poder. Son como las semillas de las malas hierbas; si se siembran con malicia y se dejan crecer en la ignorancia, terminan por resquebrajar el planeta entero. Si su mundo interior es tan árido que no les permite creer, entonces guarden silencio. No cometan la osadía de hablar en nombre de todo un país que mantiene a Dios en el centro de su tejido social e histórico. Con el nombre de Dios no se juega.
Para la miopía de muchos de estos hombres grandes, las consecuencias de sus actos pueden parecer una tontería o una exageración. A los adultos les encanta explicarlo todo a través de la estadística, reduciendo las consecuencias a una simple "casualidad". Pero desde la perspectiva de este asteroide, no hay casualidades; hay una lección severa y directa para todos aquellos que, movidos por el orgullo, se dedicaron durante cuatro días a blasfemar contra Dios.
Cerramos esta tribuna mirando a las estrellas, no para buscar números, sino para elevar una súplica:
Perdónanos, Dios mío, por la necedad de quienes no saben lo que dicen. Protege a todos tus hijos colombianos, abrázalos en la adversidad y ayúdanos a levantarnos de las cenizas para que la flor de la esperanza vuelva a florecer.
Dios bendiga a Colombia.