Editorial del asteroide : El amanecer del Principito y la esperanza de una nación
“Hay madrugadas en las que el peso del país nos obliga a buscar una luz. Hoy, por fin, sale el rey tirano titiritero y entra un tigre que representa la esperanza viva de todo un país”
Hoy, por primera vez, el Principito pone la alarma de su despertador a las 12 de la noche. Lo hace porque siente que las estrellas se unen y percibe a su viejo zorro en el corazón, entregándole mediante el viento un suspiro de tranquilidad.
Mira al cielo, eleva una plegaria y recuerda con esperanza aquellas partes de nuestro himno nacional donde se anuncia que la oscuridad termina y la libertad se abre paso:
«Cesó la horrible noche, / la libertad sublime / derrama las auroras / de su invencible luz».
«¡Oh, gloria inmarcesible! / ¡Oh, júbilo inmortal! / En surcos de dolores, / el bien germina ya».
Atrás quedan estos años de dolor y acoso. Con las enseñanzas de su viejo zorro a cuestas, el Principito se prepara para iniciar una nueva vida al lado de su rosa y su mini rosita.
Mientras tanto, en su pequeño asteroide, el rey tirano se va. Se despide ese titiritero de tantos jóvenes y adultos que perdieron su opinión crítica por dinero o convicción, engañados por hombres de negocios que solo acumulan cifras y vanidosos que solo buscan el aplauso ciego.
Hoy, el Principito solo le pide a un "gran tigre" que empiece la reestructuración de un país al que lo está desangrando la polarización. En sus calles, que a veces parecen iluminadas vagamente por un farolero cansado, se ve hoy más tristeza que alegría, a pesar de que alguna vez fuimos uno de los países más felices del mundo.
Gran tigre, solo devuélvele la soberanía a este país. Devuélvele la alegría y las ganas de vivir a esta ciudadanía y, como dice la promesa divina, lo demás vendrá por añadidura.
Dios bendiga a Colombia.